DEDICATORIA.
A la hora de su muerte, Guillermo Urrutia Honorato, hermano de mi madre, habia ocupado el cargo de Sub Director de la Direccion General de Investigaciones, Prefecto en La Serena y otros puestos importantes dentro de su larga carrera. A su memoria, dedico esta historia policial, desarrollada en un pueblito que pertenecio a la Prefectura de Investigaciones de La Serena, en el norte chileno.

Introducción.

Un pueblito caliente, solitario, muriéndose de nada.                           
Comenzaba en aquella pequeña iglesia descolorida por el clima ardiente y sus centenares de años de   vida. La manejaba el Sacerdote  Ramón Carrasco Hormazábal,   "el  Cura Carrasco".

En forma paradójica, unos metros más allá, estaba la cantina de "El Soñador", de Doña Rosa Tenderías. La había comprado hacía unos 25 años a un gringo maloliente que decidio venderla para irse de regreso a su pais. En el mismo costado de la calle sin acera y polvorosa, como en fila india, estaban las casitas de adobe y paja que constituían el alma del pueblo.

Atravesándola, en lo que podría ser el sector comercial de la aldea, estaba la pequeña Farmacia "La Estrella", de Don Carlos Terranova, su esposa Beatríz y su hija de 18 años Teresa. Abría seis días por la semana, con turno de domingo por medio. 

Le seguía la "Panadería Peuco", de Don Carmelo Díaz, con sus ásperos mesones en los que sus parroquianos se servían desayuno y onces en inmensos tazones con café mezclado con un extraño polvillo blanco. Había sopaipillas, pan amasado, berlines y dulces para los chiquillos.

Casa por medio estaba la "Funerarias La Unica", de Don Jacinto González y su hija Lidia. Más allá, la clínica médica sin nombre, del Doctor Federíco Salvatierra. Luego, un par de establos para los pocos burros del lugar, el Cuartel de Bomberos con sus dos únicos voluntarios, los hermanos Carlos y Teodoro Bermúdez y, finalmente, la casa del Alcalde Petronilo Sanhueza, viejo político serenense y eterno solterón.

Pasada la mitad de la segunda cuadra, se encontraba el "Teatro Prat", de Don Ernesto Valdivia y su única hija Patricia, de 19 años. Era una especie de cine céntrico con largos banquillos astillados. Pasaban viejas, repetidas y cortadas películas argentinas o mejicanas durante los fines de semana, mientras que en los días de trabajo se convertía en el galpón para reuniones y otros menesteres sociales. Casi por un mes seguido, sin embargo, estuvieron proyectando la película de Chile Films "Padre Pitillo", con el actor peruano Lucho Córdova.

"La Perseguida", de propiedad de Doña Liliana "Nana" Renterías,  era la segunda cantina que, a diferencia de la de Doña Rosa, tenía una rudimantaria pista de baile. Los martes y Jueves por la noche ofrecían su espectáculo de fondo con un guitarrista cantando toda clase de música romántica. Los fines de semana, traían a otros dos mineros jóvenes y los convertían milagrosamente en el trío "Agüita Fresca", tocando cuecas y cantando tonadas que pedían a gritos sus parroquianos.

Casi en el medio de la tercera cuadra se imponía, mayormente por su tamaño, el inmenso almacén "Anaconda" manejado por Don Guillermo Candia, cuñado del gringo Robert "Bob" Williams, venido desde el Estado de Colorado, en los Estados Unidos, para dirigir el local de la Proud Mining Company, en el Norte Chico chileno. En esa bodega era donde los mineros compraban comestibles, ropa, toda clase de artefactos, sus necesidades inmediatas, amén de algunas golosinas y otras leseras para los chiquillos. Cancelaban la mitad de la mercadería, pagaban la deuda del mes anterior y el resto, volvían a pedirlo a crédito contra el próximo recibo de sueldo. El salario no les permitía otra cosa.


Poco más allá del final, estaba lo que podría llamarse el "Centro Cívico de Río Rojo". Era el edificio más viejo del lugar y albergaba a la Oficina de Correos, manejada por Don Sebastián Bermúdez, un sevillano nacionalizado y buen amigo de la chupilca del diablo, según decían. Lo compartía con la vieja escuela que Doña Clotilde Escalona dirigía con cariño, amor y un inmenso esfuerzo. Tal como a los demás, su salario tampóco le alcanzaba.

Finalmente venía el Retén de Carabineros a mando del Subteniente Antonio Rubina, su subalterno el Sargento Ermenegildo Espinoza y otros trece subordinados. Al igual que en todas las propiedades de Carabineros, su fachada estaba eternamente pintada de verde, el piso al entrar era colorado y la Sala de Guardia tenía un brillante suelo de madera cepillada que llegaba hasta los pies del inmenso escritorio ubicado más allá de la baranda reglamentaria. Las dos celdas contenían camarotes de hierro traídos desde Ovalle. Al final, había cómodas habitaciones, una sala de estar con amplios sillones de cuero, una cocina y un baño común grande, para el uso de los "dignatarios" o visitantes del Ministerio de Justicia. 

Aquel domingo había sido tan aburrido como los otros. Río Rojo parecía morirse de nada. Ahora, la modorra de la tarde se convertía en el atardecer y en la noche fresca del desierto chileno. Al salir la luna, comenzaron a aparecer las primeras luces eléctricas callejeras. En las casitas, se encendieron las lámparas a parafina y las grandes velas de sebo.

Rolando Canterías
había nacido en Río Rojo.


No todos sabían cuando.

Talvéz, hacía unos 20 años o a lo mejor más.                              
En todo caso, su apariencia juvenil era la adoracion de todas las   jovencitas, hasta el punto de que muchas sufrieron terriblemente   cuando se casó con Ernestina, la hija del panadero Carmelo,   dueño de la pensión "El Amanecer", en el centro del pueblo.                                                   


Fué el nacimiento del pequeño Danilo, primer y único hijo de la jóven pareja, la razón por la que muchas de las que le aspiraban perdieron todas las esperanzas de un gran amor. Para la mayoría, el jóven minero seguía siendo el objeto de sus desvelos. Pero las opiniones variaban a medida que aumentaba la edad de las interesadas. 

---" Lo que pas´es que el cabrito tien´ínfula'e rico", comentaba Doña Clodomira, la mujer del cartero Esteban Malaquías.

---" Si hasta quieri'se pa'l norte, pa'llá pa'l Perú. ¡Fíjense no'más con el malda'oso!" le replicó el marido que, gracias a su trabajo, llevaba mejor que nadie la cuenta exacta de lo que pasaba en las vidas ajenas.

---" Tengo que 'icir aquí, que yo le llevo montónes 'e cartas con estampillas peruanas", agregó, "Así es que hasta le aseguro que'e muda requete luego, ´iría yo".

---" Güeno, on Esteban, a la edad que tiene´ste cabrito, son muy poco´ lo´que se quieren quedáse por estos la'os...¿No le parece?"

---" ...Y hasta le apuesto a que'stá guardando su platita pa'íse", contestó el hombre.

---" Qué se va a i'se, 'igo yo!", comentó un día la gorda Justa Cifuentes, la lavandera a domicilio que bien podía competir con don Esteban en las copuchas del día.

---" ¡Rolando no s'irá requete nunca. E'un cabrito má´enamora'o...¡que pa'que le igo, iñor! Es como los marino´...un amor en ca'a puerto...Pa'que le´cuento!"

---" Usté' les lava la ropa, ´oña Justa, ¿Verdá´? ¡Cuente d'i una vez por
to'as...Pá'que se hace la  mojigata...!" exclamó
Doña Clodomira a tiempo que se daba cuenta de
su metida de pata.

Doña Justa no lo dejó pasar. Respingó la punta de
su naríz, en forma de protesta por la frase de la
mujer y, subiendo un poco su tono de voz al sentirse humillada, contestó:

---" Güeno. ¡La cosa no e' así tampoco! Yo lavo la ropa pero no me meto en cue´tiones familiares, iñora! Aguántese los ca'allos. ¡Es to'o lo que le puedo 'ecir..'igo yo!

---" ¡Ya se chantó la comadre!", agregó el cartero.

---" ¡...y claro, po´! Quién vá' icir argo despué´ que la vituperéan a una...¡Güeeeno...mejor me callo d'iuna vez!"

Y se fué, dejando a todos, con las ganas de conocer el secreto.



Había llegado tan sólo
unas horas atrás.


Parecía agotado.


En verdad. Parecía agotado después de comer su ensalada de lechuga, sus tallarines con riendas, y su postre de huesillos con mote que le habían regalado ayer. Y como siempre, todo fué bien regado con un generoso Concha y Toro.

---" ¿Qué horas son?" le preguntó a su esposa.

---" Deben ser como las doce´la noche, Rolando", le contestó Ernestina saliendo de la pequeña cocina, inmediatamente después del comedor.

Había terminado de lavar los platos y todo invitaba a sentarse unos minutos para charlar con su marido, antes de quitar el mantel de hilo que le regalase el año pasado como muestra de su amor eterno. El hombre se veía un poco inquieto. Ernestina lo estuvo observando desde la cocina.

Caminó hacia el comedor y fué, en ese instante, cuando el muchacho se tomó la cabeza con ambas manos.

--"¡Qué dolor de cabeza tengo!" dijo con voz notoriamente débil.

Se levantó pesadamente y, segundos más tarde, rodaba por el suelo como si todos sus músculos le hubiesen abandonado. Parecía completamente desmembrado. Un hombre tan lleno de vitalidad se desplomaba, ahora, sonora y aparatosamente en un costado de la mesa del comedor. Parecía como si un inmenso edificio del centro santiaguino se derrumbara bulliciosamente hacia pavimento, después de un terremoto.

---" ¡Rolando!", gritó Ernestina.

Su voz fuerte retumbó como un trueno dentro del pequeño cuarto de adobe pintado con cal blanca. Desde la cama, en la pieza cercana, se escuchó el llanto del pequeño Danilo.

La mujer se acercó y, con las manos temblando aún por lo que había presenciado, le tocó suavemente la cara tratando de darle fuerzas para que saliera del trance. Sintiéndolo helado al tacto, se levantó brúscamente y salió a la calle, en búsqueda de auxilio, del médico o del Cura Párroco.

Rolando se convulsionó por unos minutos y, en cuestión de segundos, cuando ya Ernestina había desaparecido, desocupó todo el contenido de su estómago en grandes arcadas seguidas de tiritones y de retorsijones desde sus piesa la cabeza.

De pronto, su cuerpo pareció paralizarse del todo.

Después, ¡Nada!

Sólo se escuchaba el llanto a gritos del pequeño Danilo que, seguramente, se sintió totalmente abandonado y perdido por la ausencia de ambos padres. Unos minutos más tarde, el chico se quedó dormido y todo regresó otra vez al silencio.


No era culpa del doctor
Don Federíco Salvatierra.



Su esposa, por más de
30 interminables años, como siempre reclamaba el medico, Doña Elvira, era extremadamente conversadora y le gustába de perder el tiempo hablando bien o mal de todos sus vecinos. Los ojos se le llegaban a cerrar por la insistente monotonía en la voz de la anciana parlanchina. Estaba cansado y aburrido de oirla.

---"¿...Y por qué mejor, no conversamos mañana Doña Elvira?"

---" ¡Imposible!...El día se ha hecho para trabajar y para hacer las cosas que Dios manda. La noche es para conversar porque es la única manera de que la gente ponga la atención que una se merece", fué la respuesta. Obviamente que la mujer sufría de una aguda insomnia, un poco más aumentada, posiblemente, por razones naturales de los últimos veinte años.

---" ¡A nosotros los médicos, no nos interesan esas cosas Doña Elvira! ¿No cree usted que mejor nos vamos a acostar de una vez por todas?"

---" Los médicos como usted, Don Federíco, tienen que saber todo lo que sucede en un pueblo tán chico como éste. Las cosas del alma siempre andan juntas con las de la carne. Por eso es que la gente misma termina agravando sus propias enfermedades. ¡Si tan sólo usted entendiera esta parte, le iría mucho mejor y su trabajo le sería muchísimo más fácil. ¡Créamelo!"

---" ¡Bueno!...bueno...le creo...¡aaaaj!...Doña Elvira" dijo con un gran bostezo y un estirón de músculos que la vieja Elvira ignoró por completo. No tenía la menor intención de darle, siquiera, una oportunidad como para que se fuese a dormir y la dejase hablando sola. Necesitaba, tenía, y era imperativo, que la escucharan hablar, hablar, hablar...y¡hablar!.

El médico pareció dormitar unos segundos y eso enfureció a la anciana.

---" ¡Don Federíco!", dijo alterada," Siéntese derecho y ponga atención a lo que le estoy diciendo. ¡Es por su bien!  ¿Sabe?"

Así y todo, el hombre decidió levantarse de su mecedora que parecía estar ocupando por una eternidad, desde el temprano atardecer. Muy al fondo de su alma tenía la esperanza, un día de esos, de terminar con los monólogos pero, hasta el momento, sus planes no le daban resultado. 

---"Total", pensó mientras seguía oyendo---" Todo anda bien y no creo que, por ahora, haya otra cosa más exitante que los berborreos de mi mujer...por lo menos por ésta noche".

---" Tengo que ir a mi oficina, Doña Elvira", dijo en voz alta. Quiso interrumpirla, levantándose dificultosamente del mueble, pero la maniobra pareció no surtir el efecto esperado.

---" ¡Aguántese un poco, Don Federíco! Siéntese y oígame lo que tengo que decirle. Acuérdese que lo hago por su propio bien...¡Ya se lo dije, pués!"

El hombre no quiso argumentar. Como lo había hecho otras veces, regresó regañando entre los dientes y se sentó silenciosamente en su vieja silla preferida.

---" ...Porque, ahí tiene usted el caso de este tal por cual de Rolando, Don Federíco. Un chiquillo inteligente, sobrio, trabajador, pero con el tremendo defecto de la juventud de hoy...Buenos p'al amor. ¡Eso sí que sí, Don Federico...! Se lo digo yo. Pobre Ernestina, tan buena, tan sacrificada la pobre mujer...y tan mal que le pagan".

---" ¡Qué sabe usted de eso, Doña Elvira!" dijo el anciano en su último momento conciente. La mujer siguió hablando pero ya era tarde, porque el viejo galeno roncaba suavemente, moviendo su mecedora con un vaiven empujado por sus pies. Lo hacia con sumo placer. Si pareciera ser su mejor entretencion.

Fué en ese instante que se sintieron suaves golpes en la puerta. Eso, por supuesto, interrumpió la verborrea de Doña Elvira y despertó de inmediato al galeno. No le importó la interrupción. Total, casi no había oído la habladuría de su esposa. Solo escuhó un murmullo lejano, nada más, y de esopues, ya estaba acostumbrado. Formaba parte de su vida de hombre despierto como, tambien, de hombre durmiendo. ¡Lo había salvado la campana! Después de muchas horas, la mujer¡por fin! se había callado.

---" ¿Quién vive?", preguntó Doña Elvira con recelo.

---" ¡Yo!, Doña Elvira. ¡Por Dios Santo!¡Abrame!".

Don Federíco se levantó para abrir.

En la puerta estaba el Cura Carrasco. Tenía cara de asustado, estaba pálido, angustiado por la carrera que debió haber hecho para traer la noticia.

---" Don Federíco¡uf, uf!¡Rolando esta malísimo! La pobre Ernestina no haya que hacer. Hace un ratito..¡ah!Déjeme tomar un poco de aire¡haaaaaaaaassssssssss.. Psss! Cuando trabajaba en la Sacristía, la pobre mujer¡haaaaa..pssssss!.apareció llorando y tiritando como si tuviese al mismísimo diablo adentro del cuerpo..¡Ay, Dios mío!....En el nombre del Padre, etc...y me dió la noticia."

---"...Pero mal...!¿Mal de que?! ¡De que noticia me está usted hablando, Padre Carrasco!" preguntó el galeno.

---" ¡Que se yo DE QUE MAL! No tengo la menor idea. Lo único que sé, es que estamos frente a un serio problema, Don Federico. Así es que, si no le molesta, déjese de preguntaderas inútiles, hombre de Dios, y véngase altiro conmigo!"

El médico quiso preguntarle algo más, pero ya era tarde. El sacerdote había desaparecido como por encanto. Doña Elvira corrió a buscar el maletín negro con los instrumentos y los remedios. Se lo entregó, se puso un rebozo y salió a la carrera detrás del médico.

Pasados los primeros metros, divisaron nuevamente al Cura Carrasco, ésta vez trotando en dirección hacia "La Unica".
Con excepción de arrestar
a unos cuantos borrachos diarios,
la actividad del retén de Río Rojo
era bastante lenta.


Poca, mejor dicho. Los deberes consistían, mayormente, en la rutina aburrida y tediosa de izar matinalmente la bandera en una aparatosa ceremonia al estilo de La Moneda, en Santiago, pero sin el orfeón. Además de hacer guardia reglamentaria, había que recorrer día y noche la única calle del pueblo y la de las aldeas más cercanas, a fin de mantener el orden dentro del margen estipulado por los reglamentos. Todo esto, debían hacerlo teniendo en mente que, por muchos kilómetros, eran los únicos representantes de la ley.

Tampoco podían ignorar que todos sus esfuerzos físicos debían limitarse a la realidad del aislamiento y a la conciencia de estar  bastante alejados del resto del cuerpo paramilitar. Si la situación que se presentaba, estaba más allá de sus posibilidades, debían informarla, lo antes posible, a sus superiores en La Serena.

En cuestiones legales, dependían del Juzgado de Mayor o Menor Cuantía de la capital de la provincia o región. En cuanto a Investigaciones se refería, les correspondía Illapel, Ovalle o Coquimbo, dependiendo de la disponibilidad, la gravedad o de las ganas que tuviera el Prefecto del servicio.

Fuera de eso, la vida era tediosa. Para los pocos carabineros del lugar las funciones diarias eran más que suficientes.

El destacamento policial era manejado por el Subteniente Antonio Julián Rubina y su ayudante, el Sargento Ermenegildo Telésforo Espinoza. Ambos ocupaban la oficinilla de adentro y, por ende, eran mayormente considerados como personal administrativo. El resto del contingente estaba comprendido por los Cabos Cipriano Soto Verdejo y Enrique Buenaventura Ramos, amén de los siete carabineros rasos que prácticamente llevaban el peso mayor junto a otros tres colegas y un último sub Oficial encargado del único patrullero en servicio. Eran 15 en total.

Esa noche el Oficial de Guardia era el Cabo Cipriano Soto. En la puerta, estaba el Carabinero Cirilo Fuentes Armazábal. Si se tomaba en cuenta que en ese día apenas tenían dos borrachos en "el bote", como le llamaban a la celda principal, el domingo había sido un día relativamente tranquilo.

Era casi la medianoche cuando, en la vereda del frente, casi a la altura del Retén, se divisaron las figuras del doctor Salvatierra seguido por su esposa y el Cura Carrasco. Atravezaron la calle para enfrentarse a la puerta guardada por el Carabinero Fuentes que portaba su carabina reglamentaria en el hombro derecho y asegurandose el arma en el homoplato, en posición de descanso. Al verlos muy cerca, se cuadró aparatosamente y puso la carabina frente a su pecho.

---" ¡Cabo'e Guardia!", gritó haciendo sonar los tacones en posición de alerta.

Los recién llegados titubearon sin saber que hacer. Se detuvieron por unos segundos y el Cura Carrasco preguntó si podían entrar.

---" Cabo'e Guardia!", gritó Fuentes por segunda vez.

Doña Elvira puso cara de susto, se aferró a su marido y dió un paso atrás.

Al ver esta escena, el Cabo Soto bajó de su inmenso escritorio y, de unas cuantas trancadas, estuvo en la entrada del retén.

---" ¿Qué's lo que pasa aquí?", preguntó con autoridad.

El Cura Carrasco se acercó al Suboficial y le saludó por su nombre.

---" ¡Ah! Pase usted..pase, pase Padre! Dígame..¿ Qué se le ofrece a la Iglesia?", fué la respuesta inconciente del uniformado.

---"¡Adelante señores! Estan en su casa. Pasen todos de una vez¡Jé jé!"

Todos entraron con cierta aprehensión. El Carabinero subió a su escritorio y las tres visitas quedaron trás la baranda de reglamento, esperando a ser interrogados sobre su presencia en la oficina.

---" A ver, Padre. Dígame. ¿Qué los trae por aquí y a estas horas de la noche...?" dijo Soto con voz baja y dramática, un tanto fingida.

---" Bueno, Mi Cabo, mejor se lo explica el doctor Salvatierra, porque es un caso bastante delicado", fué la respuesta.

---" ¡Ahá!", dijo el Cabo de Guardia apuntando al médico con su índice, como permitiéndole hablar.

---" Queremos informarle de la muerte de Rolando Canterías en la casa 14."

Silencio.

---" Cabo, queremos informarle de la muerte."

---" !Ahá!"

El Carabinero esperó unos segundos, se acomodó en la silla, carraspeó sorprendido por la noticia y tomó una pluma que sacó del bolsillo de la camisa.

---" ¿De QUE?

---" Cabo, queremos informarle de la muerte."

---" ¡YA!", dijo en voz fuerte. Luego, bajó el tono.

---"¿...Y cómo sucedió ésta muerte, doctor?" interrogó aclarándose la garganta.

---" Es muy poco lo que puedo decirle por el momento. Todo acaba de pasar y apenas he tenido tiempo como para venir hasta aquí. Pero hay algo muy extraño en todo esto", contestó.

---" ¿Quiere decirme que lo mataron en la calle?...¿Dónde fué el incidente?", preguntó el Cabo.

---" ¡No, no, no! La muerte ocurrió en la casa del occisoal lado de la mesa del comedor."

---" ¿Y usted dejó el cadáver sólo?"

---" ¿Y que otra cosa podría hacer? La casa no tiene teléfono y había que  avisarles a ustedes. Por supuesto que se quedó Ernestina, la esposa del muerto. No soy policía ni juéz cómo para saber de éstas cosas. Soy médico, ¿Entiende? ¡MEDICO! Lo único que sé, es que el muchacho era muy jóven y siempre estuvo en buena salud. Lo más curioso de todo esto es que al acercarme, encontré un extraño olor a almendras en el cadáver. ¡Eso, no me gusta! ¡Creo que la cosa tiene color de hormigas, Cabo.!

---" A ver, ¡Vámonos despacio, señor doctor! Acláreme eso de la hormiga y comience del principio, otra vez."

---" Bueno, médicamente puedo decirle que el olor a almendra, en los cadáveres, ha sido siempre sinónimo de arsénico", dijo para ser interrumpido.

---" ¿Cómo fué eso del arsénico?", preguntó el Cabo, bastante confundido por el lenguaje del médico.

---" Arsénico es un veneno que generalmente viene en forma granulada. Si usted lo echa en agua y se lo bebe alguien...la persona puede morirse altiro. Pero si se proporciona poco a poco, y por largo tiempo, la persona vá muriéndose en forma lenta y hasta cuando el cuerpo lo aguante. Le voy a dar un ejemplo que aparece en la historia del mundo antiguo y con el que se corrabora ampliamente ésta teoría."

---" Hace unos cuantos cientos de años existió, en Italia, una mujer llamada Lucrecia Borgia. Pertenecía a una de las más distinguidas familias reales de la época. Esta mujer, mató a muchas personas, sólo poniendo un poco de arsénico en las hojas de un libro que su enemigo iba a leer. El hombre daba vuelta a las páginas mojando su punta con un poco de saliba que sacába de su boca. Al término del libro, el hombre murió envenenado por el arsénico que Lucrecia Borgia puso en el papel.¿Me entiende ahora?

---" ¿Y que me quiere decir con eso, doctor?" Que esta Lucreno se cuánto, es parte de la muerte de´ste hombre en la casa 14?"

---" ¡Por la chita, Carabinero! No le puedo creer lo que me está diciendo."

El Padre Carrasco le tocó el brazo al doctor Salvatierra cómo haciéndole ver que su ejemplo era demasiado difícil y complicado para la capacidad mental del uniformado."

---" Tiene razón, Padre. Cómo que se me pasó la mano. Discúlpeme, por favor. ¡Carabinero, olvídese de lo que le dije!"

---" ¡Y bueno, si usted lo dice! Pero me figuro que vamo´a tener qui´nterrogar a esa Lucrecia pa´cuando terminemos ésta cuestioncita de Renterías, doctor!"

---" Bueno. ¡ Que así sea, entónces! Pero el asunto es que, volviendo a nuestro problemita., poco antes de la media noche, el Padre Carrasco llegó a mi casa y me dijo que Rolando estaba sumamente enfermo...."

---" ¿Y qué tiene que ver el Padre Carrasco en esta cuestión?, preguntó desconcertado el Oficial de Guardia

---" ¡Nada!¡Simplemente, NADA!" se defendió el Cura. " Lo que pasa, Cabo Soto, es que la pobrecita de Ernestina vino llorando a mi Sacristía y me dijo que a Rolando, su marido, le había pasado algo. Yo fuí a la casa del doctor Salvatierra, le conté lo que me había dicho la infortunada muchacha y todos fuímos a lo de Rolando," explicó claramente el sacerdote.

---" ¡Así es, Cabo!", agregó Don Federíco, "Todos fuímos a ver lo que le había sucedido y lo encontramos muerto en el medio del comedor. No le podemos decir más. Yo dejé a mi mujer con Ernestina y nos vinimos corriendo para contarle lo que estaba pasando."

---" ...Cómo fué eso de que dejó a su mujer con el occiso y...¿Que hace su señora aquí, entónces?",preguntó Soto, confundido otra véz.

---" ¡Ajá! Mi esposa...Doña Elvira ¡Jé, jé!..¡¿Qué le puedo decir?! Obviamente...con la confusión del momento... no me había fijado en ella...¡Jé!, ¡Jé!"

La anciana se sintió inmensamente ofendida. Dió un paso adelante.

---"¡Ah!", dijo. "¡Conque con esas tenemos, Don Federico!...¡Yo no me iba a quedar a solas con el muertito ese! ¡Ocurrencia la suya, viejo fresco! Mire que yo me iba' quedar sóla con el muerto, ¡JA!" Se cruzó de brazos y miró de frente a su marido.

El Cabo Soto se levantó de su asiento. Con toda la autoridad que pudo conseguir, gritó hacia el interior del cuartel.

---"Gutiérrez...véngase altiro pa'cá, Gutierrez, le digo. Venga ¡AL-TI-RO!"

Colocándose su chaquetón de uniforme, la manga derecha primero, la otra después, trotando incómodamente, apareció un carabinero delgado, a medio vestir, subiéndose los suspensores. Estaba medio dormido y, consecuentemente, con cara de pocos amigos.

---" Váyase a la casa 14 y acompañe a estos señores pa'ver que's lo que está pasando con el tal Rolando ese. ¡Quédese allá hasta que yo le diga! ...¡Y no deje entrar ni salir a nadie...¿me'ntendió, Carabinero Gutiérrez?!"

---" ¡Si, Mi Cabo!" dijo el aludido cuadrándose y saliendo a pasos cortitos, lo más rápidamente posible, detrás de las visitas.

---" ¡Oiga doctory si vé a esa Lucrecia.no le diga na´de lo que uste´me dijo porque yo me las voy´arreglar con ella!"

El doctor Salvatierra levantó su brazo izquierdo haciéndole una seña al Suboficial, diciéndole sin palabras, que se fuera al diablo.

Soto ni siquiera se dió cuenta del gesto de desprecio.

---" ¡Chitas! ¡Güendar con la payasá ésta...! Tengo que avisa´le a Mi Teniente. ¡Güeno con la que se no'armó agóra...!", le escucharon decir al salir del cuartel.
Al sub-teniente Antonio
Rubina no le gustó mucho

que lo despertasen pasada
la una de la madrugada


Pero, con la declaración del Cabo Soto, no tuvo otra alternativa que la de ponerse su ropa a medias y encaminarse a la Sala de Guardia. Afortunadamente, no se había ido a su casa porque era muy pequeña para quedarse compañando a su hermana mayor, viuda y mandona, venida de Santiago con sus cuatro hijos, su empleada, un canario que metía cualquier cantidad de bulla y.un perro regalón y, desgraciadamente, más antipático que el pájaro. Esa noche decidió ocupar uno de los cinco dormitorios disponibles para los visitantes oficiales, como sería el caso de un Juéz o el de investigadores especiales, etc., etc.

---" ¡Cuénteme la historia rápidamente, Cabo Soto. ¿Hay alguien en la casa del occiso?", preguntó mientras caminaba hasta la sala para encargarse del asunto.

---" Mi Teniente, el doctor dice que ...como que mataron al tal Rolando ese... porque está hediondo a no se qué!"

---" ¡Contésteme la pregunta, Carabinero! ¿Mandó a alguien para que custodie la casa?"

---" ¡Si, Mi Teniente! El Cara´inero Gutiérrez está´llá desde hace rato".

---" ¡No sea bruto, Cabo! Hágame un parte altiro. Llámese al Sargento Espinoza y dígale que se junte conmigo en la casa del muerto....¿Cuál es el número?"

---" ¡14, Mi Teniente!"

---" ¡Muévase de una vez, Cabo y déjese de flojeras!"

---" Es que parece que hay una tal Lucrecia metida en ésta custión, Mi Teniente!"

---" ¿Qué dice?

---" Que hay una Lucrecia.¡no se cuantito!creo que el doctor me´ijo que se llamaba Lucrecia BogasBorguias o argo así!"

---" ¿Está difariando otra véz, Cabo Soto? ¡O es que yo me estoy enfermando de los nervios con usted y sus estupideces!.¡Hága lo que le dije y déjese de imbecilidades, Cabo!

---" ¡Si, Mi Teniente! Le dije al Cara´inero Malaquías que se fuera´buscar a Mi Sargento y que lo mande pa'la 14", respondió el Suboficial.

---" Menos mal, Soto, que todavía le queda un poco de cerebro. ¡Tráigame las llaves del patrullero...!"

El Cabo se sintió satisfecho.

---"¡Al tiro, carajo!"

Unos cuantos minutos más tarde, el Oficial entraba a la casa de Rolando para encontrar al Sargento Espinoza interrogando a Ernestina.

La investigación comenzaba.



Cuando sonó el teléfono en
la Prefectura de La Serena....

....el proceso de Rolando Canterías,
en la casa 14 en Río Rojo,
pasaba a su etapa final.


Toda la tramitación se efectuó por intermedio de Carabineros, mediante la vía oficial.

Es decir, el Subteniente Antonio Rubina informó a sus superiores y éstos, a su vez, solicitaron la presencia de la Brigada de Homicidios de Investigaciones para determinar exáctamente las causas y el modus operandis del criminal. En su informe telefónico, el Subteniente Rubina agregó que la autopsia del Doctor Federíco Salvatierra, el médico forense del pueblo, más las interrogaciones públicas, habían determinado que homicida uso arsénico para matar a su víctima.

Después de leer la nota oficial, el Comisario Enrique Urrutia, Jefe de la Brigada, decidió hablar directamente con el encargado de toda la oficina de Investigaciones, el Prefecto Antonio Vodánovic, para solicitarle la designación del caso de Río Rojo a una nueva brigada de servicios que se había creado recientemente en Santiago, y la que estaba dirigida por el Comisario Joaquín Carlos Amunategui Errázuriz, el detective que aclaró el difícil y complicado caso político-internacional, en el asesinato del Senador Recabarren.

---" Se trata de una Brigada de Homicidios Portátil, si así puede definirsele, Mi Prefecto", le dijo al presentar su idea.

---" Pero¿Y por qué no podemos investigarlo nosotros mismos, sin tener que traer a comisarios famosos, santiaguinos y aristócratas?" fué la primera reacción del superior.

---" Si me permite usted decirle, Mi Prefecto, es cuestión de dos puntos muy importantes. El primero de ellos es que no  tenemos suficiente personal como para dedicarle tanto tiempo a un homicidio dudoso, en un pueblo extremadamente chico y tan requete lejos, en medio del desierto de Atacama."

---" Debe ser un caso relativamente simple y rápido",acotó el interlocutor.

---" Si, Jefe, pero aquí hay que tener contactos sumamente delicados y buenos porque el muerto es empleado de una de las compañías mineras americanas más grandes del sector. La nueva Brigada tiene la experiencia internacional que nuestros hombres, definitivamente, no tienen!"

---" Bueno, Urrutia, parece que usted podría tener algo interesante entre sus manos. Pero¡Convénsame más!"

---" Si usted me permite insistir en estas cuestiones, Mi Prefecto. En la Brigada de La Serena estamos repletos de casos locales. No nos alcanza el tiempo para nada. Todo lo estamos trabajando a medias por la maldita falta de hombres. Necesitamos la ayuda, Jefe. ¡Palabra! Tenemos enormes cantidades de homicidios, suicidios, etc. en nuestra manos y, repito, realmente no tenemos el tiempo suficiente ni el número de policías como para efectuar averiguaciones justas y profesionales."

---" Pero, podríamos trasladar a un par de hombres que no tengan mucho trabajo en otras de las comisarías localesdesde Vicuña, Ovalle o hasta de la Subcomisaría de Ilapel.

---" El caso más importante, en la cuestión de Río Rojo, Mi Prefecto, es que el Comisario Amunátegui es un hombre que sabe mucho de estas cuestiones. Fué y, aún es, uno de los mejores profesores de criminología que tiene la Dirección General."

---" ¡Si! ¡Estoy de acuerdo con usted porque lo conozco! Trabajamos juntos por muchos añosPero creo que no es necesario recurrir a la Dirección General para este tipo de problemas pequeños¿No le parece?"

---" No Jefe.  Lo lamento y no quiero ser insolente con su rango de superior mío, pero.¡NO ME PARECE! Y, seguramente, usted se preguntará por qué. La razón es muy simple. Nuestros detectives locales necesitan desesperadamente dos cosas."

---" ¡AH! ¿SI? ¿Y se puede saber cuáles son esas dos cosas que usted parece haber tenido escondidas desde que llegó a La Serena y que ahora recíen aparecen?"

---" ¡Jefe, yo no quería ni hablarle de estas cuestiones pero ya que usted me preguntase lo diré a boca´e jarro! Primero, necesitamos un descanso en este atolladero de casos que tenemos y, segundo, necesitamos una buena repasada en criminología. ¡Se lo digo yo, Jefe, que estoy diariamente en contacto con ellos! Será magnífico. Y lo único que tiene usted que hacerpara darnos una manito crimonológicaes llamar al Director, de quién usted también es amigo personal, y pedirle que nos mande a esa unidad especial de su viejo amigo Amunátegui.

---" Bueno, Urrutia. Me acaba de convencer. Que venga Joaquín Carlos a ayudarnos. Espero que, con eso, quede usted satisfecho!"

---" ¡Por supuesto que sí, Jefe! ¡Claro que sí! ¡Y créame que no se vá a arrepentir, Jefe! ¡Es lo mejor que usted ha hecho por nosotros!"

---" Bueno. ¡Elíjale un buen ayudante al Comisario Amunátegui! Mejor dicho, búsquele alguien con quién se pueda entender aquí en La Serenadígopor si acaso el Comisario necesita de algo o¡de alguien! Consígase un ayudante de la lista de funcionarios disponibles."

Minutos después, el Comisario Urrutia regresaba con el resultado de la lotería para designar a su ayudante.

---" Parece que la lotería se la sacó el Detective Ernesto Valdivia", expresó."

---" Así es que... ¡A caminar, se ha dicho! Ordene que le pongan a su disposición un vehículo más o menos decente...usted sabe el resto. ¿Entendido Urrutia?"

---" Ningún problema, Mi Prefecto."

---" A propósito, mientras usted buscaba a nuestro ayudante, la Dirección decidió enviarnos a Amunátegui y a su ayudante Valderrama. Llegan por avión, manana en la mañana. "

Urrutia sonrió complacido.

---" ¡Me ganó, Urrutia! Me alegro contar con un subalterno que siempre esta cuidándonos la espalda, Comisario!"

La investigación estaba en camino.
Al hacerse pública la muerte
del jóven Rolando Canterías....

.....hubo una pequeña conmoción
entre las familias de Río Rojo.


Todos lo conocían de una manera u otra. Ya fuera por la conversación de sus hijas o por el pelambre de sus esposas.  Peor todavía, todo se complicó más, cuando se supo que había sido envenenado con arsénico. Así entónces, el misterio que encerraba la muerte de Rolando dió paso a una leve histeria juvenil.

Los pobladores mayores comenzaron a preocuparse por la presencia de los investigadores, venidos desde Santiago y La Serena, como así mismo la paranoia de sus hijas y la presión que todo éste asunto comenzaba a poner en la tranquilidad de la aldea. Esta situación, consiguió complicar un poco la investigación de los detectives, quienes eran observados en todo momento por la curiosa población y su falta de experiencia en estas cuestiones.

Amunátegui, Valderrama y Valdivia, pese a lo largo del viaje y al cansancio, comenzaron sus averiguaciones de inmediato, muy temprano, en la oficina local de la Proud Mining Company (Chile) Inc., ubicada muy arriba, en la montaña misma.

---" El señor Williams está de viaje en Santiago, atendiendo asuntos legales con la Embajada. Don Guillermo Candia es el que le sigue, maneja el almacén de la compañía y está directamente en contacto con los mineros. Creo que sea más útil que hablaran con él", dijo la secretaria de la oficina. Agregó que todo estaría listo en cuestión de minutos, como para que se entrevistaran con Candia, pero tenían que bajar al pueblo. El hombre los estaría esperando.

Y así fué.

Quince minutos más tarde Amunátegui y Valderrama entraron a la oficina del Gerente de la tienda, un hombre de estatura pequeña, personalidad obviamente servíl, vistiendo estrambóticamente con sus bluejeans y camiseta con vistosas figurillas debajo de extrañas frases en inglés.

---" Estamos ante una situación extraordinariamente delicada para nuestra compañía. No quisieramos envolvernos en cuestiones legales pero, si no podemos evitarlo, debo decirles oficialmente que cooperaremos en todo lo que ustedes necesiten. La Dirección de esta empresa está al tanto de algunos detalles interesantes y, en cualquier momento, podemos pedir la ayuda de las autoridades norteamericanas, como el FBI, por ejemplo, si ustedes la necesitan...por supuesto...¡Ejem! Siéntense, por favor. ¿Gustan un café?"

Los detectives se miraron extrañados y aceptaron el ofrecimiento. El mismo hombre les sirvió las tazas.


---" Gracias por el ofrecimiento de ayuda pero no la creemos necesaria. Estamos en los preliminares de esta investigación. Somos un Cuerpo Policial relativamente bien equipado para este tipo de trabajo. En todo caso¡muchas gracias! ¿Que podría decirnos de Rolando Canterías?" preguntó.

---" Nada en especial. Es un buen trabajador, extremadamente jóven y enamorado..."

---" Como así. ¿Que quiso decir usted con eso de enamorado? ¿Acaso no es casado? ¿Lo conoce usted personalmente?" preguntó el Comisario mientras Valderrama tomaba notas en una pequeña libreta negra.

---" ¡No, no, no...! No lo conocía personalmente. Claro que es..o era...mejor dicho... casado. Eso de enamorado es un rumor que siempre corrieron sus propios compañeros de trabajo. Hasta mi secretaria lo dijo una y otra vez. La verdad es que no podría asegurarles nada porque, personalmente, no me consta....Le pido disculpas por la expresión. Estuve fuera de foco...creo," respondió con cierta ironía.

---" ¿Problemas económicos, quizás?"

---" No a simple vista. Pero mi secretaria podría ayudarnos en esos menesteres." Apretó el botón de su interlocutor. "Averigue cual es la situación económica de Rolando Canterías...vea si tuvo o aún tiene problemas con personal, anticipos, etc., etc. Avíseme de.", Amunátegui le interrumpió.

---" Mejor es que se lo diga a uno de mis detectives. Dígale que le entreguen el informe al Detective Valdiviaque seguro debe estar entrevistándola en estos momentos", le dijo.

---" ¡Entrevistándola!.¿A mi secretaria.?

---" Exáctamente, señor Candia", le dijo Valderrama.

---" ¿Y con el permiso de quién?"

---" ¡Mío, señor Candia! Yo soy el que dirije esta investigación, señor Candia, y no creo necesitar el permiso de nadie cuando se trata de interrogatorio en el caso de un homicidio."

---" Por supuesto, Camisario. ¡Disculpe!" Colgó el audífono y se dió vueltas hacia el Comisario, para hacerle una pregunta.

---" ¿De que murió, exáctamente?"

---" No estamos seguros todavía. Los primeros resultados de la autopsia indican la existencia de una alta cantidad de arsénico. No creemos que el hombre se haya suicidado. No tuvo tiempo para hacerlo, según concluímos de las declaraciones que su esposa Ernestina dió a Carabineros, de las declaraciones del forense y de los resultados de laboratorio, la personalidad del difunto y la de sus amistades. De manera que sólo nos queda por ver dónde, cuando, por qué y quién le administró el veneno..."

---" ¡Ah, bueno! Eso se llevará un buen tiempo. Es extraño, pero aquí en este pueblito todos parecen ayudarse mutuamente. Siempre tenemos dificultades cuando se trata de aclarar algún robo pequeño, revueltas, etc., etc. Es de esperar que ustedes no tengan esa experiencia durante su estadía en Río Rojo."

En ese momento la secretaria interrumpió la conversación para decirles que le había entregado el informe del personal al Detective Valdivia y que no había problemas aparentes, tanto en lo individual como en la contabilidad.

---" Bien, parece que nuestro amigo era un hombre relativamente normal, decente diría yo. No hay datos ni nada que diga lo contrario. Su salario es el mismo de quienes tienen su edad y pareciera que sabía usarlo adecuadamente. Quizás haya más informaciones en otros lados", dijo.

---" Vamos a ver...." comenzó diciendo Amunátegui pero fué interrumpido por Candia..

---" Nosotros vamos a pagar por el sepeliousted sabe...siempre mejoran las relaciones con el sindicato. ¡ejem!... está dentro de la decencia de nuestra empresa. También le daremos un mes de..." pero el Comisario tampoco lo dejó terminar.

---" Señor Candia, gracias por su tiempo y esperamos tener el gusto de hablarle otra vez, en un futuro muy cercano. Por favor, no se ausente del pueblo sin antes informarnos hacia donde se dirije, con quién irá, con quién hablará al término de su salida, etc.,etc."


---" Pero Comisario, nadie tiene derecho a" pero fué nuevamente interrumpido por el policía, quién le mostró su chapa de la Dirección General de Investigaciones.

---" Ve usted esta chapa, señor Candia. Es la identificasción de la policía civil chilena y es la chapa, señor Candia, dice que yo puedo hacer lo que sea necesario para aclarar este u otro homicidio. Y lo que le acabo de decir, señor Candia, es exactamente lo que ésta investigación necesita¿Está claro, señor mío?

El hombre se puso pálido, tragó dificultosamente un poco de saliva y quiso levantarse. Amunátegui, le tocó suave y amistosamente su hombro derecho y lo palmotéo por fracciones de segundos. Ambos detectives se levantaron del asiento, se les unió Valdivia en el pasillo y los tres se fueron.




La próxima visita
de los investigadores....

...fué
al doctor Federíco Salvatierra.


Querían conocer de cerca los detalles que le llevaron a determinar el posible homicidio, la cantidad de veneno, el sistema usado para tal caso, etc., etc.

El médico estaba en su pequeña oficina construída a continuación del comedor, en lo que pudo haber sido una sala familiar. Su esposa, Doña Elvira, que participara en los primeros momentos del suceso, estaba de compras. Es por eso que la reunión fué más profesional, tranquila y útil.

---" ¡Es muy simple, caballeros!", comenzó diciendo en sus preliminares el doctor Salvatierra, "cuando llegué a la casa del occiso, Rolando estaba como enrollado en el suelo, al lado de la silla que ocupó durante su cena o a la hora de comidacomo ustedes prefieran llamarle. Tiene que haber sufrido convulsiones y espasmos galore, es decir, en grandes cantidades, porque tanto el cadáver como la silla misma estaban más o menos alejados de la mesa. Hasta podría decirse que cuando Ernestina notó la gravedad del problema y salió en búsqueda de la ayuda, Rolando debió haber estado vivo todavía."

---" ¿Pudo haberse salvado con la ayuda de alguien?" preguntó el Comisario.

---" No sé, pero lo dudo mucho. Habría requerido un antídoto inyectable y una persona que conociera de estas cuestiones. Ernestina no sabía ni tenía ninguna cualidad para atenderlo...por lo menos en ese instante. El pobre hombre tiene que haber sufrido terribles dolores estomacales, porque lo encontré con sus manos apretando fuertemente su estómago."

Los detectives escuchaban interesados. No era exactamente lo que querían saber.

---" ¿Por qué creyó usted que estaba frente a un homicidio?" preguntó  JC.

---" ¡Vamos, Comisario! Por lo menosdéme el crédito de médico¡Siquiera! Hay varias razones. Primordialmente, podría decir que sus manos no indicaban el manejo de substancia venenosa alguna. En realidad, no mostraban nada extraordinario. El veneno le fué proporcionado en pequeñas dosis y  por un período indeterminado. Después, al abrirlo en "La Unica", pude comprobar que la cantidad final fué mayor que las anteriores y eso, originó el golpe fatal. Exceso y acumulación, Comisario. Dos elementos importantes."

---" ¡Y claro!", dijo JC.

---" ¿Cómo determinó la existencia de arsénico, previo a la autopsia?", interrogó Valderrama.

---" En primer lugar, Rolando vomitó todo el contenido de su estómago. La comida aún estaba fresca y eso me distrajo por unos segundos. Había tallerines con rienda.un poco de ensalada.quizás un vino de buena clase, etc."

---" Bueno, doctor, esa no fué la pregunta¿Verdad?"

---" ¡Verdad! Sin embargo, Inspector Valderrama, Los detalles en un homicidiosiempre son interesantes."

---" ¡Touché doctor! Tiene usted razón."

---" Pero, pese a todo, el olor a almendras era muy fuerte. Además, la punta de los dedos y, especialmente bajo las uñas, pude ver el típico color azul. Indicación de muerte por ahogo, por falta de aire, escacez de sangre en el cerebro, de una razón que le llevó a paralizar el sistema de regadíosi así puedo identificarlo. Visulamente, no había indicios de fuerza.como de que alguien le hubiese tapado el sistema respiratorio con una almohada o papel.No había marcas de que hubiese sido estranguladoetc., etc. Debido al olor.determiné que el problema erasimplemente creado por ingerir arsénico. Este panorama es una de las primeras cosas que enseñan sobre cuestiones venenosas, en cualquiera Escuela de Medicina relativamente decente."

---" Eso, doctor, lo aprendí cuando era muy jóven", le dijo JC.

---" Es fácil comprar arsénico, aquí en Río Rojo?",preguntó Valdivia que estaba situado en una esquina de la oficina médica, revisando algunos artefáctos.

---" Me figuro que sí...dependiendo, por supuesto, de quién lo necesite.  No se olvide que, por muchos años, el arsénico reemplazó a la penicilina en el tratamiento de sífilis, por ejemplo. Lo mismo pasó con las sulfas y otros antibióticos en el campo de las infecciones."

---" Y eso¿Que tiene que ver con el homicidio, doctor?" interrogó Valdivia.

--" El Detective urguetiando mis propiedades, allá en la esquina," dijo apuntando hacia Valdivia que se ruborizó por unos segundos, " me preguntó si era fácil comprarlo. En un pueblo tan pequeño como Río Rojo, donde generalmente es difícil obtener todo lo necesario para atacar a las enfermedades comúnes, las boticas suelen todavía expender arsénico. A falta de pan....señoresustedes saben el resto. Si yo no puedo conseguir antibióticos dentro de un período más o menos normal...iría cuidadosamente por el camino del arsénico. ¿Anticuado y peligroso? ¡Si!, pero bajo supervisión médica...es de mucho efecto. ¡Todo es posible!, ¿Verdad?"

---" El arsénico no tiene nada de natural...no es así?" preguntó otra vez Valdivia.

---" En una región como el Norte Chico, donde existe la explotación del mineral, es muy corriente encontrarlo porque químicamente es el intermediario que separa metales de otros organismos. Así es que ¡figúrese..! Este es uno de los pocos sitios donde se justifica su existencia."

---" Todo eso está muy bien, doctor pero ¿Qué tiene que ver eso con..." interrumpió el Comisario.

---" A eso voy, Comisario. Hay varias maneras de matar con arsénico y sin que el común de la gente se dé cuenta de lo que está sucediendo. Una de ellas es mediante pequeñas dosis...digamos, no superiores a unos pocos granos."

---" ¡Ajá!"

---" ¿Se acuerda usted de Lucrecia Borgia?"

---" ¡Por favor, doctor! No me cuente ese viejo cuento de las hojas envenenadas"


---" Bueno. Eso es verdad y sería muy útil en este caso. Ademásquiero que sepa que este cuentecito se lo dije al Cabo Soto, de la Comisaría de Carabineros"

---" ¡Aja!..La amiga de nuestro cabo de Guardia en el Retén de Carabineros", bromeó Valdivia.

---" Y ¿Se imagina usted que éste pobre ignorante cree que la Borgia está inmiscuída en el homicido?.¡já!,¡já!, ¡Já!"

---¿ No me lo diga!, exclamó Valdivia.

---" Pero volvamos a lo que nos interesa ahora. Es decir que la farmacia puede vender arsénico a cualquiera persona que lo pida?"dijo JC.

---" Exáctamente, siempre y cuando tenga una razón. No se olvide, tampoco, que el arsénico puede usarse como insecticida. Arsénico "ruby" es parte importante en los fuegos artificiales, por ejemplo, como también en las pinturas..."

---" Pero para llegar a eso, la persona tiene que ser un individuo estudioso en éstas cuestiones...¿Verdad?" interrumpió el Detective Valdivia.

---" O, también, puede ser farmaceutico, jardinero, médicoo mujer de médico, minero, etc.,etc." dijo Valderrama.

El doctor Salvatierra sonrió de buenas ganas cuando escuchó aquello de "mujer de médico". Por unos segundos, su mente le mostró a Doña Elvira dándole venenos a Rolando. Regresó inmediatamente a su seriedad acostumbrada.

---" ¡Si! Pero recuerde que aquí solo estoy justificando la compra del veneno", respondió el galeno.

---" En todo caso, doctor, creo que estamos satisfechos con su explicación. Los detalles y pormenores de la autopsia las tenemos en su informe a Carabineros. De manera que, no le tomamos más de su tiempo y nos despedimos hasta otra oportunidad..."

Cuando abandonaban la pequeña casa del médico, venía entrando Doña Elvira, quién miró de reojo a los investigadores, pero no se atrevió a decirles nada.

---" ¡Don Federíco! ¿Qué diántres está pasando a mis espaldas?", dijo al entrar pero los policías decidieron no participar de los problemas conyugales del anciano galeno.




Era cerca del mediodía.


Una vez en la calle, siendo la hora de almuerzo, caminaron cerca de una cuadra para familiarizarse con algunas de las tiendas y los transeúntes...si es que los había.

Al pasar por la panadería "Peuco", decidieron entrar y comprar algo que les sirviera de almuerzo. Se llevaron una agradable sorpresa al saber que también servían comida. Entraron, se sentaron en uno de los mesones y esperaron a que vinieran a servirles.

Un par de minutos más tarde apareció un chiquilla delgada, bastante buenamoza, de facciones finas, pelo claro y vistiendo un delantal blanco con manchas de chocolate cerca del bajo vientre.

---" ¿Podríamos comer algo o quizás llevarnos cualquier cosa que nos sirva de almuerzo?" preguntó el Comisario.

---" No nos queda comi'a caliente pa'vender..se los digo altiro pa'que lo sepan, po´... pero..."

---" ¡Oh, que desilusión!", pensaron casi al unísono.

---" Y se veía tan bonit